
Mi historia está marcada por una profunda transformación.
Antes de llegar al mundo ya experimenté la pérdida: mi hermano mellizo, Erik, partió antes de nacer, dejándome la certeza de que la compañía es un asunto del alma.
La vida, en su extraña sabiduría, me trajo al mundo sin útero (Síndrome de Rokitansky). Aprendí muy pronto que el amor no necesita un cuerpo físico que lo contenga, sino un espíritu dispuesto a expandirlo.
Superviviente de abusos sexuales en la infancia y de violencia de género en la adolescencia, encontré en la poesía el único refugio que no tenía goteras. Todo ello me llevó a entregar mi vida a los niños y adolescentes del mundo desde los 17 años. La educación se convirtió en la forma de dar sentido a mi vida.
La muerte de mi padre a los 25 años, fue el gran punto de inflexión: el momento en que todo se derrumbó y, a la vez, comenzó mi despertar.
A partir de ahí, inicié un camino de crecimiento personal y espiritual y en ese recorrido llegó la educación consciente y con ella la certeza de que sólo podemos acompañar a otros cuando aprendemos a acompañarnos primero.
Y caminando en mi camino como maestra, llegó una clase catalizadora. Fue en ella donde las heridas de la niña que fuí se encontraron con la maestra que soy.
Sentí que no podía más y ese límite se convirtió en semilla: el inicio de una nueva forma de estar en el aula, de crear conexiones más auténticas y humanas con el alumnado, de acompañar desde la presencia, la empatía y el amor, dejando atrás todo lo que se alejara de ello.
Después vinieron los cambios de la mano de la llegada de la Educación Real®. Creé un proyecto de acompañamiento a la maternidad, hasta que una crisis existencial me obligó a soltarlo todo, mi casa, mi trabajo, mis certezas y emprender un viaje sobre ruedas.
En el silencio del camino nació mi gran metamorfosis.
Tras aquel viaje la vida me llevó de nuevo a las aulas.
Y fue allí, en una clase llena de luz, donde todo cobró sentido de nuevo.
Mis alumnos me devolvieron, como un espejo, todo lo bello de la profesión: la ternura, la curiosidad, el vínculo y la magia de acompañar lo vivo.
Comprendí que educar no era solo enseñar, sino también recordar quién eres.
Volví al aula desde otro lugar, más presente y más libre y ahí nació Metamorfosis Educativa, como una forma de honrar ese renacer.
Porque cuando una maestra sana sus propias alas, el vuelo de sus alumnos se vuelve inevitable.
Suri Azaceta, maestra de vocación, alma inquieta y sensible.
Especialista en Audición y Lenguaje, experta en necesidades de acompañamiento conductual y emocional, asesora de educación consciente con mirada transgeneracional y desde la pedagogía sistémica, instructora de Educación Real®, coach transformacional, poetisa y coach de escritura terapéutica.
Creadora de Metamorfosis Educativa™, un movimiento que nace del corazón y del deseo de cuidar la vida que ocurre dentro y fuera del aula.
Hoy acompaño desde mi experiencia profesional y personal a docentes de infantil, primaria y secundaria en sus propios procesos de transformación educativa.
En ese viaje de volver a creer en la educación, recordar el propósito que los trajo a enseñar y empezar a crear conexiones más humanas con el alumnado.
Porque transformar la educación empieza por transformarse por dentro.
Continuará… #auuu